
SABORES DEL MUNDO
(Apuntes históricos- José Antonio Nuño Echelecu- Diciembre de 2009)
En la página 308 del volumen 19 de la Historia General de España y América, de los historiadores Manuel Espadas Burgos y José Luis Comellas se menciona el hecho histórico de la ayuda que el general Juan Domingo Perón, Presidente de la República Argentina presto al Régimen franquista en el año 1946, y cito textualmente “…..50.000 cajones de huevos……,20.000 toneladas de carne congelada…… El espaldarazo moral a aquel “pequeño plan Marshall a la criolla” como el propio General Perón lo definió ante el nuevo embajador español, José María de Areilza, Conde de Motrico, fue el viaje en el mes de junio de 1947 realizara a España “Doña María Eva Duarte de Perón”, como siempre llamó la prensa española a la “egregia dama” argentina…..”.
Soy de la opinión que la Historia del hombre es una repetición de hechos idénticos, en épocas diferentes, y provocados por las mismas decisiones y circunstancias.
Si analizamos el texto de Espadas y Comellas nos daremos cuenta de que el hecho objetivo es el envió de alimentos a un país arruinado por una guerra civil, aislado internacionalmente y a fin de paliar la hambruna del pueblo; no es fácil de explicar lo que pudo suponer para aquella famélica sociedad la llegada de 20 millones de kilogramos de carne de res engordada en la Pampa argentina, y todo ello engrandecido por una “campaña publicitaria” al estilo de los años 50, como fue el viaje de “Evita” a España y que incluso fue condecorada con la Gran Cruz de Isabel la Católica por el mismísimo Generalísimo Francisco Franco Bahamonde.
Estudiado el hecho histórico relatado, y para demostrar la repetición de los mismos, voy a plantear una tesis al efecto. Es la siguiente.
Hay que partir de los Reyes Católicos. Recordemos que a la primera dama argentina se le impuso la Cruz de la Reina Católica. Establecido este punto de inicio, recordemos que, tras la conquista del Reino Nazarí de Granada en el año 1491, y la marcha del rey Boabdil, permanecieron musulmanes en la Península Ibérica; es decir se trataba de musulmanes españoles. Aquellos que fueron bautizados de forma obligatoria tras la Pragmática de Isabel y Fernando del 14 de febrero de 1502, como los que voluntariamente se habían convertido al catolicismo romano con anterioridad, en adelante pasaron a ser denominados “moriscos”. Fueron numerosos en el sur de Aragón y el sur del reino de Valencia. De hecho, en éste suponían, aproximadamente un tercio de la población.
Avancemos 107 en la historia de España. En 1609, hace ahora 400 años, y bajo el reinado de Felipe III de Borbón, antepasado directo de Juan Carlos I de Borbón, ante la constatada difícil convivencia de los moriscos con los cristianos viejos, y la colaboración de algunos significados cabecillas de aquéllos con el rey de Francia, entonces en guerra con España, se decreta su expulsión. El 9 de abril de 1609 se tomó la decisión. Pero el proceso podía suponer problemas debido a la importancia en factores de población de dichos habitantes. Se decidió empezar por Valencia, donde la población morisca era mayor y los preparativos fueron llevados en el más estricto secreto. Desde comienzos de septiembre, tercios llegados de Italia tomaron posiciones en el norte y sur del reino de Valencia y el 22 de ese mes el virrey ordenó la publicación del decreto. La aristocracia valenciana se reunió con representantes del gobierno para protestar por la expulsión, pues ésta supondría una disminución de sus ingresos, pero la oposición al decreto fue disminuida ante la oferta de quedarse con parte de la propiedad territorial de los moriscos. A partir del 30 de septiembre fueron llevados a los puertos, donde como ofensa última fueron obligados a pagar el pasaje. Los primeros moriscos fueron transportados al norte de África, donde en ocasiones fueron atacados por la población de los países receptores. Esto causó temores en la población morisca restante en Valencia, y el 20 de octubre se produjo una rebelión morisca contra la expulsión. Los rebeldes fueron reducidos en noviembre, no existiendo datos concretos de cuantos murieron a manos de los avezados mercenarios de los tercios, y se terminó con la expulsión de los últimos moriscos valencianos. Salen, en concreto de Valencia 118.000 moriscos. A excepción del primer contingente citado, la mayoría se fueron a América, y como frecuentemente eran denominados sólo «cristianos nuevos», generalmente se les confundía con los marranos, los cristianos nuevos de judío.
En aquellos momentos de total identificación entre la Corona de España y la Católica Iglesia, y con el enorme poder que ejercía el Santo Oficio, se planteó el problema higiénico-sanitario de cómo deshacerse de los cuerpos de los moriscos fallecidos, dado que la Inquisición, no obstante estar bautizados, se opuso a su enterramiento en los cementerios que tenían la consideración de lugar sagrado. El negro velo que cubrió la decisión que se tomó, por la confabulación entre el absolutista monarca y las jerarquías eclesiásticas, no me ha permitido, no obstante las largas horas de estudio que he dedicado al tema, resolver la cuestión de manera definitiva. No obstante, llegué a la conclusión de que los cuerpos fueron entregados a Enrique IV de Francia, para mortificación del mismo. El Borbón francés ordenó el traslado de los moriscos fallecidos a la capital, pronunciando la frase “París bien vale una misa”. Hasta ahí han llegado mis investigaciones.
Hoy, 15 de diciembre de 2009, vagando por Carrefour de Gandía, he decidido, impulsivamente, efectuar las compras de Navidad, y tras perder casi dos horas en la sección de libros, embelesado por esos mágicos objetos y por la miopía y presbicia que me impiden leer con claridad , me he encaminado al otro extremo del hipermercado a comprar el palo de una escoba, mayonesa, mayonesa con ajo, mojo picón y salsa caesar, todos ellos alimentos básicos de mi dieta; a mitad del trayecto he encontrado la explicación al enigma histórico sobre el destino que Enrique IV dio a los cadáveres de sus aliados los moriscos del Reino de Valencia. Un gran cartel colgado del techo del recinto rezaba: “moriscos congelados”. Dado que el monarca era hugonote por convicción, negó cristiana sepultura a aquellos cristianos nuevos. Los sucesivos gobernantes franceses, durante siglos, no habían sido capaces de enmendar aquel entuerto histórico.
Nicolás Sarkozy, en un contexto de crisis económica mundial, ante las dificultades del gobierno español por el desbordado déficit público, y como gesto de bienvenida a la Presidencia Española de la Unión Europea, ordenó remitir las 20.000 toneladas de carne corrompida de los que fueron aliados de la “grandeur” a Valencia, saliéndole los portes gratis al llegar a un acuerdo con la cadena de distribución de alimentos Carrefour., que naturalmente los congeló y envasó en paquetes de 500 y 1000 gramos, colocándolos estratégicamente entre los langostinos y el surimi. Como gesto institucional suplicó a Carla Bruni que le hiciera un pase de piernas a Rodríguez Zapatero., para regocijo de Jaime Peñafiel en su cruzada contra la plebeya divorciada princesa de Asturias.
Debemos dar gracias al general Perón que apaciguó la gazuza de nuestros padres, y a Nicolás Sarkozy por permitirnos darnos un capricho estas navidades. La historia se repite
Bibliografía consultada: Soylent Green, 1973, dirigida por Richard Fleischer, con Charlton Heston, Leigh Taylor-Young, Edward G. Robinson, Chuck Connors, Joseph Cotten, Brock Peters, Paula Kelly, Stephen Young , Mike Henry, Whit Bissell
(Apuntes históricos- José Antonio Nuño Echelecu- Diciembre de 2009)
En la página 308 del volumen 19 de la Historia General de España y América, de los historiadores Manuel Espadas Burgos y José Luis Comellas se menciona el hecho histórico de la ayuda que el general Juan Domingo Perón, Presidente de la República Argentina presto al Régimen franquista en el año 1946, y cito textualmente “…..50.000 cajones de huevos……,20.000 toneladas de carne congelada…… El espaldarazo moral a aquel “pequeño plan Marshall a la criolla” como el propio General Perón lo definió ante el nuevo embajador español, José María de Areilza, Conde de Motrico, fue el viaje en el mes de junio de 1947 realizara a España “Doña María Eva Duarte de Perón”, como siempre llamó la prensa española a la “egregia dama” argentina…..”.
Soy de la opinión que la Historia del hombre es una repetición de hechos idénticos, en épocas diferentes, y provocados por las mismas decisiones y circunstancias.
Si analizamos el texto de Espadas y Comellas nos daremos cuenta de que el hecho objetivo es el envió de alimentos a un país arruinado por una guerra civil, aislado internacionalmente y a fin de paliar la hambruna del pueblo; no es fácil de explicar lo que pudo suponer para aquella famélica sociedad la llegada de 20 millones de kilogramos de carne de res engordada en la Pampa argentina, y todo ello engrandecido por una “campaña publicitaria” al estilo de los años 50, como fue el viaje de “Evita” a España y que incluso fue condecorada con la Gran Cruz de Isabel la Católica por el mismísimo Generalísimo Francisco Franco Bahamonde.
Estudiado el hecho histórico relatado, y para demostrar la repetición de los mismos, voy a plantear una tesis al efecto. Es la siguiente.
Hay que partir de los Reyes Católicos. Recordemos que a la primera dama argentina se le impuso la Cruz de la Reina Católica. Establecido este punto de inicio, recordemos que, tras la conquista del Reino Nazarí de Granada en el año 1491, y la marcha del rey Boabdil, permanecieron musulmanes en la Península Ibérica; es decir se trataba de musulmanes españoles. Aquellos que fueron bautizados de forma obligatoria tras la Pragmática de Isabel y Fernando del 14 de febrero de 1502, como los que voluntariamente se habían convertido al catolicismo romano con anterioridad, en adelante pasaron a ser denominados “moriscos”. Fueron numerosos en el sur de Aragón y el sur del reino de Valencia. De hecho, en éste suponían, aproximadamente un tercio de la población.
Avancemos 107 en la historia de España. En 1609, hace ahora 400 años, y bajo el reinado de Felipe III de Borbón, antepasado directo de Juan Carlos I de Borbón, ante la constatada difícil convivencia de los moriscos con los cristianos viejos, y la colaboración de algunos significados cabecillas de aquéllos con el rey de Francia, entonces en guerra con España, se decreta su expulsión. El 9 de abril de 1609 se tomó la decisión. Pero el proceso podía suponer problemas debido a la importancia en factores de población de dichos habitantes. Se decidió empezar por Valencia, donde la población morisca era mayor y los preparativos fueron llevados en el más estricto secreto. Desde comienzos de septiembre, tercios llegados de Italia tomaron posiciones en el norte y sur del reino de Valencia y el 22 de ese mes el virrey ordenó la publicación del decreto. La aristocracia valenciana se reunió con representantes del gobierno para protestar por la expulsión, pues ésta supondría una disminución de sus ingresos, pero la oposición al decreto fue disminuida ante la oferta de quedarse con parte de la propiedad territorial de los moriscos. A partir del 30 de septiembre fueron llevados a los puertos, donde como ofensa última fueron obligados a pagar el pasaje. Los primeros moriscos fueron transportados al norte de África, donde en ocasiones fueron atacados por la población de los países receptores. Esto causó temores en la población morisca restante en Valencia, y el 20 de octubre se produjo una rebelión morisca contra la expulsión. Los rebeldes fueron reducidos en noviembre, no existiendo datos concretos de cuantos murieron a manos de los avezados mercenarios de los tercios, y se terminó con la expulsión de los últimos moriscos valencianos. Salen, en concreto de Valencia 118.000 moriscos. A excepción del primer contingente citado, la mayoría se fueron a América, y como frecuentemente eran denominados sólo «cristianos nuevos», generalmente se les confundía con los marranos, los cristianos nuevos de judío.
En aquellos momentos de total identificación entre la Corona de España y la Católica Iglesia, y con el enorme poder que ejercía el Santo Oficio, se planteó el problema higiénico-sanitario de cómo deshacerse de los cuerpos de los moriscos fallecidos, dado que la Inquisición, no obstante estar bautizados, se opuso a su enterramiento en los cementerios que tenían la consideración de lugar sagrado. El negro velo que cubrió la decisión que se tomó, por la confabulación entre el absolutista monarca y las jerarquías eclesiásticas, no me ha permitido, no obstante las largas horas de estudio que he dedicado al tema, resolver la cuestión de manera definitiva. No obstante, llegué a la conclusión de que los cuerpos fueron entregados a Enrique IV de Francia, para mortificación del mismo. El Borbón francés ordenó el traslado de los moriscos fallecidos a la capital, pronunciando la frase “París bien vale una misa”. Hasta ahí han llegado mis investigaciones.
Hoy, 15 de diciembre de 2009, vagando por Carrefour de Gandía, he decidido, impulsivamente, efectuar las compras de Navidad, y tras perder casi dos horas en la sección de libros, embelesado por esos mágicos objetos y por la miopía y presbicia que me impiden leer con claridad , me he encaminado al otro extremo del hipermercado a comprar el palo de una escoba, mayonesa, mayonesa con ajo, mojo picón y salsa caesar, todos ellos alimentos básicos de mi dieta; a mitad del trayecto he encontrado la explicación al enigma histórico sobre el destino que Enrique IV dio a los cadáveres de sus aliados los moriscos del Reino de Valencia. Un gran cartel colgado del techo del recinto rezaba: “moriscos congelados”. Dado que el monarca era hugonote por convicción, negó cristiana sepultura a aquellos cristianos nuevos. Los sucesivos gobernantes franceses, durante siglos, no habían sido capaces de enmendar aquel entuerto histórico.
Nicolás Sarkozy, en un contexto de crisis económica mundial, ante las dificultades del gobierno español por el desbordado déficit público, y como gesto de bienvenida a la Presidencia Española de la Unión Europea, ordenó remitir las 20.000 toneladas de carne corrompida de los que fueron aliados de la “grandeur” a Valencia, saliéndole los portes gratis al llegar a un acuerdo con la cadena de distribución de alimentos Carrefour., que naturalmente los congeló y envasó en paquetes de 500 y 1000 gramos, colocándolos estratégicamente entre los langostinos y el surimi. Como gesto institucional suplicó a Carla Bruni que le hiciera un pase de piernas a Rodríguez Zapatero., para regocijo de Jaime Peñafiel en su cruzada contra la plebeya divorciada princesa de Asturias.
Debemos dar gracias al general Perón que apaciguó la gazuza de nuestros padres, y a Nicolás Sarkozy por permitirnos darnos un capricho estas navidades. La historia se repite
Bibliografía consultada: Soylent Green, 1973, dirigida por Richard Fleischer, con Charlton Heston, Leigh Taylor-Young, Edward G. Robinson, Chuck Connors, Joseph Cotten, Brock Peters, Paula Kelly, Stephen Young , Mike Henry, Whit Bissell

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